
El Orgullo de ser Salvadoreño (IV)
Para ir terminando. Que ¡Como que no vamos a ser una RAZA ESPECIAL! si en el siglo pasado y antepasado hemos dejado la huella de nuestra fuerza laboral en el Canal de Panamá, en las bananeras de Honduras, en Arabia Saudita construyendo ciudades. Moviendo la economía estadounidense con más de tres millones de salvadoreños.
Estamos poblando Austria, Canadá, etc. Dejando nuestra sangre salvadoreña, y con ella la estirpe de nuestra propia naturaleza. Y todo lo anterior desarrollando las labores desde las más humildes de las que jamás nos hemos avergonzados hasta candidatos a premios Nobel que no nos lo dieron por discriminación racial. Así quedó registrado históricamente cuando el premiado dejó constancia de ello diciendo en el momento que se lo entregaron que quien se lo merecía era un salvadoreño.
La RAZA SALVADOREÑA es nobleza, lealtad, caridad a toda prueba. Por supuesto que de sumisos no tenemos nada y hay de aquel que se atreva a creer que tenemos alma de esclavos. Somos una raza valiente que se burla de su desgracia y que ha escrito su historia cantando.
Prueba de ello es EL CARBONERO de Pancho Lara (salvadoreño) como la máxima expresión del feudalismo (si mi señor es buen carbón, cómprelo usted...) hasta el SOMBRERO AZUL de Ali Primera (venezolano) que dimensiona la naturaleza indomable en su ideal de libertad (el pueblo salvadoreño, pájaro pequeño, que iniciado el vuelo nadie lo detendrá en su volar) y en la versión de SALSA CLAVE que, en la adversidad, refleja la alegría con que forja su destino. En tierra propia y ajena alivia su penar cantando PATRIA QUERIDA de Álvaro Torres, MI PAIS/LA GUANAQUITA/SIN VISA NI PASAPORTE de los Hermanos Flores. Solo para citar algunas.
